Código Nuevo

Suena casi a milagro. Te citan una tarde. Te sacan entre 20 y 50 mililitros de sangre del brazo y la pasan por una centrifugadora para separar las plaquetas de los hematíes. Te aplican crema anestésica en los alrededores del clítoris y el punto G. A continuación, varios pinchazos de anestesia local. Y, finalmente, cinco mililitros de tus propias plaquetas en cada una de las tres inyecciones. Se llama O-Shot, (‘pinchazo del orgasmo’, en inglés) y es toda una sensación en Estados Unidos y Reino Unido.

A él recurren mujeres con dificultad para llegar al orgasmo, mujeres que quieren que su vagina luzca más joven y estética, y mujeres que quieren aumentar el placer que sienten. Pero el uso del Plasma Rico en Plaquetas (PRP) no solo se circunscribe al ámbito femenino: los hombres también pueden inyectárselo en el pene. La técnica se denomina P-Shot, en honor al dios romano del sexo Priapus, y a ella se someten pacientes interesados en tener orgasmos y eyaculaciones más potentes, hombres que buscan combatir eyaculaciones precoces y disfunciones eréctiles, y varones afectados por el síndrome del pene curvo.

El creador de ambas técnicas es todo un personaje: Charles Runels. Este médico de Alabama, estado en el que los consoladores están prohibidos por ley, empezó inyectando plaquetas en caras y en pechos y, un buen día, decidió probar ese mismo tratamiento con su propio pene. El resultado fue tan satisfactorio que decidió patentar la técnica y, en estos momentos, si un médico quiere aplicar el P-Shot a uno de sus pacientes, debe haber pasado antes por un cursillo impartido por Runels.

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El doctor Charles Runels en su clínica de Fairhope, Alabama

Feliz San Valentín, cariño
Pero aún hay algo más fuerte en la obra y milagros del doctor, y es la forma en la que se topó con el O-Shot. Fue en 2009, el 14 de febrero, día de San Valentín. Por aquel entonces, Charles tenía una amante y, ese día, en vez de echar un polvo en la consulta, la mujer le exigió que le inyectara sangre en el clítoris. Dicho y hecho: Runels decantó las plaquetas de la nueva paciente, cogió un cubito de hielo para insensibilizar la zona e introdujo la aguja. El resultado fue una nueva patente y, de paso, un nuevo quebradero de cabeza para los médicos más tradicionales.

Desde entonces, se pasea por los congresos de sexología y cirugía íntima más importantes del mundo y paga 50.000 dólares mensuales a un bufete de abogados para averiguar si alguien en el mundo está ofreciendo este tratamiento sin su consentimiento. Aquí, en España, el ginecólogo Fernando Aznar es el único que cuenta con una autorización para ejercer esta práctica. A él acuden mujeres de todas las edades afectadas por la anorgasmia (incapacidad de llegar al orgasmo), el trastorno del deseo hipoactivo (falta de deseo sexual) y la dispareunia (dolor durante el coito).

El doctor Aznar aborda estos problemas desde el plano fisiológico: bajos niveles de estrógenos, sequedad, atrofias vaginales, deformaciones y ensanchamientos. “Al final, se trata de regenerar tejidos y las plaquetas, con los factores de coagulación que llevan asociados, son capaces de generar nuevos vasos sanguíneos y rejuvenecer esas zonas”, explica el ginecólogo.En realidad, las verdaderas artífices de esa reconstrucción son las células madres atraídas a esa zona por las plaquetas y que se reconvierten en arterias, venas, glándulas y nervios.

“Se ve como más joven, más jugoso”
María, de 42 años, se lo hizo en octubre del año pasado y está encantada. Además, aprovechó para estrecharse la vagina y recortarse los labios. “Sí, yo tenía orgasmos, pero quería mejorarlos. Además, notaba que lubricaba menos”, explica por teléfono desde una población cercana a Madrid. “Y ahora nada que ver: se ve como más joven, más jugoso; los orgasmos son más intensos, lubrico más, ya no tengo pedos vaginales; la cistitis, que antes me venía cada dos por tres, ha desaparecido”, confiesa satisfecha.

Se lo hicieron todo un sábado y, el martes, ya estaba de vuelta a su trabajo. “De verdad, que no duele nada. Yo iba con un miedo terrible y, de verdad, que no”. Rehúsa decir cuánto se gastó, pero, de media, una sesión de O-Shot se sitúa entre los 800 y los 1.000 euros. Además, el rejuvenecimiento no le durará para siempre: pasados dos años, deberá volver a pasar por la consulta del doctor.vaginas-giphy-codigo-nuevo -mileniales- Por qué las mujeres se están inyectando su propia sangre en el clítoris
En los círculos de ginecología, urología y andrología, tanto el O-Shot como el P-Shot son temas tabú. La falta de estudios científicos sólidos lleva a la mayor parte de los especialistas a desconfiar de estas técnicas y a no recomendarlas a sus pacientes, pero, a la hora de expresar su opinión en público, prefieren callarse para no enemistarse con los médicos que ofrecen estos procedimientos (con o sin la famosa licencia del doctor Runels).

La mayor parte de los estudios, en animales
Un simple vistazo en Google Academics confirma ese reducido número de estudios científicos. Hay centenares que prueban los efectos positivos de las plaquetas en las articulaciones, en la cara y en el ámbito de la cirugía dental. Pero, en el caso de la vagina, por ejemplo, solo hay cinco directamente relacionados con este órgano –dos de los cuales han sido promovidos por el propio creador del O-Shot–, y en solo uno de ellos se habla de mejoras en la vida sexual de las mujeres.

En el caso de las inyecciones en el pene, los estudios son prácticamente inexistentes. Todas las opciones redireccionan a la página oficial de Charles Runels y solo uno de los estudios muestra claras mejorías en el tratamiento del síndrome del pene curvo en humanos. El resto están realizados únicamente sobre ratas de laboratorio.

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El doctor Oliverio, en el centro, con su equipo

“No obstante, esto no quiere decir que, dentro de unos años, se hagan varios estudios y aparezcan evidencias firmes”, explica un responsable de la Asociación Española de Andrología. “Simplemente, a día de hoy, es un tratamiento experimental que no cuenta con estudios suficientes y ni la asociación europea de urología ni la americana lo recomiendan”, añaden. Y, desde la Asociación Española de Ginecología y Obstetricia, enumeran los requisitos que deben tener esas pruebas: “a mí, hasta que no me hagan un estudio a doble ciego, es decir, que a unos les pinchen plaqueta y a otros otra sustancia a modo de placebo, ya pueden decir misa”, indica uno de sus miembros.

Satisfacción del 80%
A la consulta del doctor Alessandro Oliverio acuden jóvenes desesperados incapaces de mantener una erección. Se calcula que son unos 100.000 en toda España y la cifra asciende a los 2,5 millones si se engloba al total de la población que padece disfunción eréctil. “Aquí viene gente que lleva más de diez años sin mantener una relación sexual, ¿cómo crees que tienen los cuerpos cavernosos del pene? Pues rígidos, con acumulación de fibrosis”, asevera el doctor italiano.

Se asoció con otros tres colegas médicos y, según presume, entre los cuatro, han tratado a unos 10.000 varones de España, Italia y Estados Unidos. El tratamiento se sitúa entre los 1.600 y los 2.500 euros, incluye asistencia psicológica y neurológica si se requiere y, al igual que en el O-Shot, consta de varios pinchazos que se efectúan tanto en el cuerpo cavernoso izquierdo como en el derecho. “Lo que buscamos es regenerar esos tejidos atrofiados, estimular el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos”, explica el especialista. Y parece que tiene éxito: entre un 75 y un 80% de sus pacientes experimentan mejoría.

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Cuestión de envidia
En Murcia, el doctor Juan José Cervantes ofrece el mismo procedimiento: pinchazos de entre cuatro y cinco mililitros de plasma en el pene. A su consulta también llaman jóvenes y su tratamiento, además de inyectar plaquetas, incluye ejercicios con bombas de vacío para el pene, medicina tradicional y dosis mínimas de pastillas. “Con esa regeneración de los vasos sanguíneos, lo que buscamos es paliar los problemas cardiovasculares que, en un 90-95% de los casos, son los causantes de las disfunciones eréctiles”, explica.

Tanto el doctor Oliverio como el doctor Cervantes creen fervientemente en los beneficios del O-Shot y el P-Shot, pero son conscientes de las reticencias que despiertan. “Ojo con los envidiosos que no han salido nunca de su hospital. Los primeros que realizaron cirugía laparoscópica fueron tildados de locos”, advierte el doctor Fernando Aznar. “Sí que hay evidencias”, asegura el facultativo italiano, “dentro de poco vamos a publicar un estudio en el que hemos comprobado que, tras la aplicación del P-Shot, la fuga venosa, es decir, la velocidad con la que la sangre abandona los cuerpos cavernosos en un proceso de disfunción, pasa de los 20,5 centímetros por segundo a tan solo 7,5. Es impresionante”.

¿Y el cerebro, qué?
“Aun así, me parece raro que el inventor del P-Shot y el O-Shot, con lo famoso y la de millones que habrá ganado, no haya invertido más en estudios científicos”, apunta un profesor universitario y ginecólogo de prestigio. Pero la falta de evidencia científica no es el único recelo que existe. Muchos especialistas ven estas técnicas como algo superficial, algo que no ayuda a desentrañar la verdadera raíz de una disfunción eréctil o una incapacidad para sentir placer. “La sexualidad no solo es física”, continúa otro especialista consultado, “también es psicológica y, si el problema radica ahí, te aseguro que no hay aguja ni tratamiento de 3.000 euros que lo solucione”.

En donde, al menos, todo el mundo parece ponerse de acuerdo es en los posibles efectos adversos de inyectarte tus propias plaquetas: “potencialmente ninguno”. Si con la inyección de ácido hialurónico en el punto G sí que parecía haber cierto temor a que partículas de este compuesto entraran en el torrente sanguíneo, con el O-Shot y el P-Shot no hay nada temer. Llegados a este punto, es ya decisión de la propia persona el guiarse por los miles de testimonios que hablan de orgasmos espectaculares o el hacer caso a los recelos de una parte nada desdeñable del colectivo médico.


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